Tribuna de la Escuela Naval durante las II Olimpíadas de las escuelas Militar, Naval y de Aviación realizadas en el Estadio de Playa Ancha, Valparaíso, entre el 15 y el 19 de octubre de 1947.
Tribuna de la Escuela Naval durante las II Olimpíadas de las escuelas Militar, Naval y de Aviación realizadas en el Estadio de Playa Ancha, Valparaíso, entre el 15 y el 19 de octubre de 1947.
Tribuna de autoridades durante la ceremonia inaugural de las II Olimpíadas de las escuelas Militar, Naval y de Aviación realizadas en el Estadio de Playa Ancha, Valparaíso, entre el 15 y el 19 de octubre de 1947.
Vista de proa de tres de los seis submarinos clase H adquiridos en los Estados Unidos en Mejillones, julio de 1918: H-3, H-1 y H-6. En 1929 a estas naves se les asignaría nombres de heroínas araucanas, heredando la tradición de las antiguas torpederas de botalón del siglo XIX
Tres oficiales navales en la popa del crucero protegido Blanco Encalada, década de 1920. En segundo plano el crucero acorazado O’Higgins. Fuente: Colección Eduardo Igualt Otaegui.
Tres oficiales navales en la cubierta del crucero protegido Blanco Encalada, década de 1920. En segundo plano el crucero acorazado O’Higgins. Nótese a la derecha de la imagen la cureña para cañón de desembarco. Fuente: Colección Eduardo Igualt Otaegui.
Tres destructores clase Serrano, navegando en flotilla en la zona de los Canales Australes, captados desde estribor, pudiéndose apreciar claramente sus perfiles y disposición de su armamento. Estas unidades, un total de seis, entraron en servicio entre 1928 y 1929 y permanecieron en actividad hasta comienzos de la década de 1960
Tres destructores clase Serrano en evoluciones, agosto de 1937. Estos buques eran un total de seis, construidos en los astilleros de Thornycroft & Co., Southampton, Inglaterra, y entrados en servicio entre 1928 y 1929. Fuente: Colección Comandante Jorge Mella Rodhis.
Tres de los seis submarinos clase H adquiridos en los Estados Unidos en Valparaíso, 20 de julio de 1918: H-3, H-4 y H-6. En 1929 a estas naves se les asignaría nombres de heroínas araucanas, heredando la tradición de las antiguas torpederas de botalón del siglo XIX